Sopla el viento

Las hojas sacuden los árboles
y caen tímidamente
cuando el viento sopla
más de lo normal.
Tal y como están las cosas
últimamente,
creo que hasta el viento
tiene miedo de volar.

El pu(n)to miedo
debería ayudarnos
a equilibrar la balanza
del bien y del mal
pero en cambio,
prefiere esconderse
tras las paredes.

Será que ni él se atreve a mojarse
en una noche de esas
en las que te encierras en el bar
viendo llover
con una copa en la mano.
Y de repente
comienzas a debatir
sobre un tema de actualidad
junto a tu acompañante,
desconocido por conocer
sin importar quién te mire
o juzgue tus palabras.

Igual que esas noches
en las que te encierras en casa
con la televisión de fondo
molestándote
porque lo único que oyes
son tertulias llenas de ruido.
O las mañanas
en las que te levantas
por culpa de los gritos
del vecino que discute
en medio de la escalera
con alguien que opina
distinto a su forma de pensar.

Estamos rodeados
de personas que viven
enamoradas, sí
pero de su ombligo,
de su criterio
y de sus ideas.
Personas que pasan la vida
desterrando al resto
en lugar de aprender
a conversar con educación.

Son seres expertos
en dañar y hundir la flota
en lugar de curar las heridas
cuando aun son superficiales.
Seres que pasan los días
divulgando promesas
que jamás se cumplen
con los mejores deseos
-supuestamente-
para una comunidad
cuyo día a día
es sobrevivir
andando a tientas.

No es obligatorio
dirigirse a inocentes
y sacar a pasear
los puntos débiles
de quienes sólo procuran
hacerse valer por si mismos.
Lo justo sería
usar la autodefensa
sin heridos
ni atacantes.

¿Y si el viento
saliera de su guarida
y arrastrara las hojas
hasta construir con ellas
una cadena?
Como una diadema
donde las flores van cosidas
como una fila de gente
que va cogida de la mano.

Tal vez seria una forma
de abandonar la vanidad
y regar con sangre caliente
las venas de aquellos
que aun no entienden
qué significa respeto.

Quizá es hora de huir
e independizarse
de la cobardía y del ego.
Para entonces,
poder salir a la calle
con una gran sonrisa
a dar los buenos días
hasta a la brisa
de ése aire
que sigue esperando
que tarde o temprano
podamos mirar juntos
en la misma dirección.


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