La hora del té

Despierto asustada
por los fantasmas,
más conocidos como
invasores nocturnos
o ladrones de sueños.
Oigo el sonido de la lluvia
chocando contra el cristal
y tú justo me confirmas,
mirándome a los ojos,
que llueve ahí fuera
y que el cielo está oscuro.

   Y yo asumo que el día
   aun no ha amanecido
   igual que mis pensamientos,
   que siguen ronroneando.

Me acercas un té verde
servido con mi tetera favorita.
La taza es de cerámica,
blanca con lirios pintados,
y brillante como tu sonrisa
que también va a todos lados.

   Veo que recuerdas
   que no me gusta el café...

Sintiendo su calor
y su dulce aroma
me adormezco
pero en un abrir y cerrar de ojos
regreso a este mundo
y compruebo que
permaneces enfrente
sin hacer ruido
y con la sonrisa intacta.

   Recuerdo que te gusta
   verme dormir...

Nada podría relajarme más
que un té de jazmín
y tu compañía.
Sinceramente,
me da lo mismo
que la hora del té
sea una costumbre
de las cinco de la tarde,
porque en mi vida
te tengo a ti
para curarme el sueño,
sean las cinco de la mañana
o cualquier otro momento.

#versovolador35


No me pisas.

Me resbalé con piedras
y lo sigo haciendo,
pero eso no es excusa
para mirar al frente
y alejarse del miedo.

Me encapriché de gente
como los niños hacen
con sus peluches,
y no quise soltarme
hasta que me obligaron
a cambiar de manos.

Ahora miro al pasado
mediante algunas fotos
y me veo a mí
llena de cicatrices,
pero sé que en realidad
son marcas de guerra
que me han permitido
llegar a ser quien soy
y saber quien quiero ser.
Que no es lo mismo
que ser quien los demás
quieren que seas.

#versovolador30



Voy a mirar por mi.

Igual debería olvidarme
de mis complejos
y en vez de preocuparme
por lo que no tiene remedio
igual debería empezar
a ocuparme de mi.
  
Si la energía y las razones
que nos pusieron a alguien cerca
de repente actúan
para plantar cara al espejo,
será que el reflejo
de nosotros mismos
está empeñado
en que dejemos de juzgar
y comencemos
a querernos.

No saber lidiar con el problema
no significa que no tenga solución,
quizá es cuestión
de culpar menos
y mirar más a tu interior.

Basta de culpar a alguien
o de criticar al prójimo
por apariencia y sin motivo.
Basta de tener miedo
a superar el miedo propio.

    Que conste que hablo conmigo
    pero de ti.

#versovolador14


Sopla el viento

Las hojas sacuden los árboles
y caen tímidamente
cuando el viento sopla
más de lo normal.
Tal y como están las cosas
últimamente,
creo que hasta el viento
tiene miedo de volar.

El pu(n)to miedo
debería ayudarnos
a equilibrar la balanza
del bien y del mal
pero en cambio,
prefiere esconderse
tras las paredes.

Será que ni él se atreve a mojarse
en una noche de esas
en las que te encierras en el bar
viendo llover
con una copa en la mano.
Y de repente
comienzas a debatir
sobre un tema de actualidad
junto a tu acompañante,
desconocido por conocer
sin importar quién te mire
o juzgue tus palabras.

Igual que esas noches
en las que te encierras en casa
con la televisión de fondo
molestándote
porque lo único que oyes
son tertulias llenas de ruido.
O las mañanas
en las que te levantas
por culpa de los gritos
del vecino que discute
en medio de la escalera
con alguien que opina
distinto a su forma de pensar.

Estamos rodeados
de personas que viven
enamoradas, sí
pero de su ombligo,
de su criterio
y de sus ideas.
Personas que pasan la vida
desterrando al resto
en lugar de aprender
a conversar con educación.

Son seres expertos
en dañar y hundir la flota
en lugar de curar las heridas
cuando aun son superficiales.
Seres que pasan los días
divulgando promesas
que jamás se cumplen
con los mejores deseos
-supuestamente-
para una comunidad
cuyo día a día
es sobrevivir
andando a tientas.

No es obligatorio
dirigirse a inocentes
y sacar a pasear
los puntos débiles
de quienes sólo procuran
hacerse valer por si mismos.
Lo justo sería
usar la autodefensa
sin heridos
ni atacantes.

¿Y si el viento
saliera de su guarida
y arrastrara las hojas
hasta construir con ellas
una cadena?
Como una diadema
donde las flores van cosidas
como una fila de gente
que va cogida de la mano.

Tal vez seria una forma
de abandonar la vanidad
y regar con sangre caliente
las venas de aquellos
que aun no entienden
qué significa respeto.

Quizá es hora de huir
e independizarse
de la cobardía y del ego.
Para entonces,
poder salir a la calle
con una gran sonrisa
a dar los buenos días
hasta a la brisa
de ése aire
que sigue esperando
que tarde o temprano
podamos mirar juntos
en la misma dirección.